lunes, 30 de noviembre de 2009

mirando el techo

eran esos insectos los sabios, esos quienes chocaban sin cesar contra un foco eléctrico, caliente y parpadeante, siguiendo a la luz, siguiéndola hasta freírse las patas y las alas, cuantos han muerto y no dejan de llegar, mientras exista un buen hombre que pague la factura de luz aquellos infelices voladores tocaran su meta y brillaran en ella, del cielo blanco hasta el suelo incoloro, muertos y secos, los aplasto con indiferencia, como si fuesen una tintura especial para mis polvorientos azulejos, en noches de insomnio son entretenidos, y el silencio no es parte de ellos, a veces son todo lo que oigo.. y cada uno de los que cae tiene un nuevo predecesor en el aire, hasta el punto en el que he llegado, esto es mejor que ver la luna o la televisión, cuando era niño me decían que todo ser vivo tenia sentimientos, incluidos los insectos, ¿se imaginan el dolor de quien se estrellase contra el sol?, es lo mas parecido, en pequeña escala, un universo en mi techo lleno de hongos, ¡ah!.. las luciérnagas son mas lindas, la diferencia es que hay que atraparlas, ellos los insectos de alitas, mosquitos de la nada, no saben de donde vienen pero saben donde acabaran, no hay misterio en su luz, y esta no se apaga, ¿que tal si el foco se quema?, eso ya no seria mi problema, en todo caso, el cuarto esta sucio y el techo es temible.. quizás se me caiga encima un día de estos.., el tiempo lo dirá. El foco, mejor dicho.

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