domingo, 7 de diciembre de 2008

Infertilidad

La calle recibe nuestras pisadas y el calor puede mas, pero continuamos sin ningún rumbo en especial, como la mayoria de las veces.
Hablamos sobre el tiempo que pasa en nuestras mentes: a veces parece infértil y ciertas cosas alojadas en nuestras personas siguen intactas, prematuras, sin dejarse madurar. Creemos no ver diferencia de hace años atrás con nuestro tiempo presente. Son otros alimentos los que dejan crecer sombrías escenas que parecen repetirse en nuestras vidas, persiguiéndonos y volviéndose, a veces, con mas fuerza y violencia que nunca.

Una vez pudimos enumerar las veces que trataron de robarme o matarme este año, debe ser uno de los precios por no querer el encierro... sigo aprendiendo de todas formas, y en la calle esta la realidad inocultable de nuestras mentes, que creemos dementes en nuestra conciencia y en la de los demás al ver todo lo que sucede arriba del pavimento.

La sangre corre junto a una bolsa marrón de supermercado, expulsada desde el cráneo de un hombre mayor, su cuerpo inmóvil descansa en el suelo y la vida se desvanece ante nuestros ojos. En los automóviles las ventanas explotan en cristales para darle paso a una mano en la oscuridad que no dejara escapar nada de lo que este a su alcance. Borrachos golpean puertas de acero, gritan y arrojan sus botellas a quienes estén al alcance de sus inquietos ojos. Mientras, Los policías descansan en los subtes, las esquinas, y se reúnen en la entrada de centros comerciales y hoteles caros.

Nuestras piernas siguen el camino, sincronizadas, y le cuento a mi viejo amigo por que los colores realmente no existen. Nuestra mente le da color a la materia para poder reconocerla, y el me dice que entonces, en realidad todo se ve igual.

Mujeres gritando insultos, defendiéndose de alguien, y hombres discutiendo enojados por el trafico. El sexo no los diferencia en aquello, pueden quedar atrapados por igual cuando la violencia se interpone como un enorme muro de concreto.

Tambien Suelo ver autos estrellados, sin sus victimas y casi intactos despues del choque. Son materia muerta, inmóvil, metal desbordado bajo una lluvia de cristales rotos.

Nuestros pies sienten el camino, la aguja del reloj corre, pero el tiempo parece no avanzar para todo por igual, en nuestro interior como en nuestro exterior sentimos la conexión.

En esta realidad coloreada lo que no crece no dejara crecer a lo demás...

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