una luciérnaga de fuego
volaba a mi alrededor y deslumbraba
con su calor entre la oscuridad,
me provocaba terror no poder
alcanzarla, ni poder escaparme de ella,
así que decidí taparla
de mi visión, cubriéndola con la palma de mi mano,
aquella llama voladora atravesó mis dedos, fue inutil,
permanecía en mi visión incluso si cerraba los ojos,
es simple, fue hasta que lo comprendi:
no se puede
dejar de ver
afuera
lo que se tiene
adentro
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