Les estoy dedicando la literatura
A esas líneas invisibles
A ese papel blanco
Que me espera.
No es lo que piensan
Hablo de una hoja, y/o una pileta
Donde hundirme en tinta negra.
¨Aca estoy, el airoso fresco
No es amenazador.
Mi hogar son dos techos sin paredes
Que los sostengan¨
Alguien dijo esto o aquello.
En la tenue
Oscuridad, a un individuo le rompieron el silencio, obligándolo a escuchar
el pasar de las olas
De la gran ciudad. Observar el sonar de nuestra selva.
Aviones a lo lejos, sobrevolando en lo
Profundo de la claridad, y
Autos que van con la rapidez, se alejan lentamente, como las olas que vienen y van, o un caracol alejándose de tu oreja.
Recuerdo, que siempre fui de escuchar
El sonido de la ciudad desde mi ventana,
Algunos estruendos parecían balas, se escuchaba a
La Policía o La Ambulancia, Y los autos simplemente pasaban
Arrasando a mis oídos con sus ecos corriendo en el pavimento
y el espacio.
Una pincelada, Un sonar, Y los oyentes.
Siendo en este preciso instante
Espectadores Embriagados de Realidad,
A veces, todos escuchamos lo mismo.
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