martes, 18 de agosto de 2009

E. E. de R.

Les estoy dedicando la literatura

A esas líneas invisibles

A ese papel blanco

Que me espera.

No es lo que piensan

Hablo de una hoja, y/o una pileta

Donde hundirme en tinta negra.

¨Aca estoy, el airoso fresco

No es amenazador.

Mi hogar son dos techos sin paredes

Que los sostengan¨

Alguien dijo esto o aquello.

En la tenue

Oscuridad, a un individuo le rompieron el silencio, obligándolo a escuchar

el pasar de las olas

De la gran ciudad. Observar el sonar de nuestra selva.

Aviones a lo lejos, sobrevolando en lo

Profundo de la claridad, y

Autos que van con la rapidez, se alejan lentamente, como las olas que vienen y van, o un caracol alejándose de tu oreja.

Recuerdo, que siempre fui de escuchar

El sonido de la ciudad desde mi ventana,

Algunos estruendos parecían balas, se escuchaba a

La Policía o La Ambulancia, Y los autos simplemente pasaban

Arrasando a mis oídos con sus ecos corriendo en el pavimento

y el espacio.

Una pincelada, Un sonar, Y los oyentes.

Siendo en este preciso instante

Espectadores Embriagados de Realidad,

A veces, todos escuchamos lo mismo.

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